Make your own free website on Tripod.com



PONENCIAS ASINEA 73




En esta página encontrarás las exposiciones de la mesa de trabajo de alumnos (también las que se prepararon y no fueron presentadas) con la intención que queden a tu disposición para revisarlas las ocasiones que se requieran.




Cúpula de sen Felipe Neri desde el patio de la ex escuela de relaciones.






bola  La aprehensión del medio social por el arquitecto.  
por Evangelina Pastor Orduña
bola  La arquitectura como arte.
por Rocio Berenice Orozco Hernández
bola  Sobre niveles de Lenguaje.
por Christian Israel Vargas Estrada







   

La aprehensión del medio social por el arquitecto.


Es a partir de 1921 cuando surgen las primeras cuestiones sobre la enseñanza de la arquitectura y aún en nuestros días seguimos tratando de resolver los problemas funcionales o inclusive a tratar de comprender como se puede formular y concretizar,  en un marco arquitectónico,  un determinado modo de vida.

       Estamos en búsqueda de  un método que resuelva problemas de tipo funcionales, sociológicos y culturales teniendo en cuenta los factores psicológicos, y es en el entorno de la totalidad arquitectónica donde es posible rescatar los valores humanos esenciales y abrir el campo del genio de la  creatividad.

      Es común que en nuestra actualidad el estado en el que se encuentra dicha enseñanza sea caótica, confusa inclusive devastadora, al parecer nos hemos adentrado cada vez más y más en un divorcio social; la relación entre arquitectos y sociedad se ha desgajado por el afán de creer en la superioridad,  en la que aparentemente se encuentra el estudioso de la arquitectura,  y por consiguiente el usuario (ente social) no tiene cabida en esto.

       Entonces, ¿El aparente caos radica en la falta de correspondencia entre ambos?, por una parte el usuario se limita a expresar, por la falta de conocimiento, que la solución  es poco práctica (funcionalmente hablando) o determinadamente fea; mientras tanto se cree que los arquitectos sólo resuelven caprichos propios y al mismo tiempo que se van llenando de ego, vanidad y dinero. Pero, ¿No se supone que la expresión individual de los arquitectos es para favorecer a la humanidad?
   
    Ahora, valdría la pena aceptar que, como estudiosos de la arquitectura, tenemos la responsabilidad de dar a conocer,  que si bien la arquitectura es tanto una herramienta práctica como un arte, se encuentra en graves problemas internos, ya que entre una y otra  existen recelos y opiniones contrarias en su verdadero propósito,  y que éste, por ser un producto del hombre, es buscar como percibimos el mundo de nuestro alrededor y aquí entramos en la psicología de la percepción.

    Esta cuestión la resolveremos cuando estemos dispuestos a aprender a experimentar la arquitectura, “APRENDER A OBSERVAR” y entender que la vida esta llena de actividades cambiantes, que nosotros mismos somos entes cambiantes y por lo tanto exigimos entornos cambiantes. Necesitamos traducir situaciones prácticas por medio de la psicología social-cultural para que de esta forma el objetivo del proyecto verdaderamente tenga relación con la solución arquitectónica. Si la arquitectura controla las relaciones entre el hombre y su ambiente,  participa en la creación de un medio (hablemos de espacio).

    Por otra parte si el arte simboliza objetos de valor, expresa valores; es un medio para conservarlos y comunicarlos, es decir para hacerlos comunes (como la cultura enseñada y aprendida) hasta ahora no existe ningún método intuitivo para adquirir conocimiento.

   El propósito práctico del arquitecto comprende objetos culturales o valores, mientras que el artístico radica en objetos intermediarios que actúan sobre la sociedad, entonces tenemos que a la vez que nos proporciona conocimiento, recreación y reglas para nuestro comportamiento; nos ayuda a ordenar el entorno,  es fuente de placer y disgusto  y además pone de manifiesto normas sociales y culturales.

  No podemos resolver “encargos” por medio de la improvisación intuitiva, reaceptar que el arquitecto no solamente es capaz de diseñar, que debemos aprender a conocer en esencia nuestro oficio y dejar de ser  espontáneamente artísticos, sólo por medio de la experiencia podemos adquirir conocimientos para resolver cometidos complejos mediante la concretización y de esta manera fomentar nuestra capacidad creativa dar respuesta a problemas sociales y culturales.







La arquitectura como arte


La arquitectura es arte. Esa “artisticidad” no se da de la misma manera que en la pintura, escultura o música. Existen principios absolutos para que “algo” sea arte, pero cuando cada disciplina los toma, estos  principios se vuelven relativos y de ahí que la “artisticidad” sea distinta en cada rama.

No debe malinterpretarse la definición de arte; el sentido comercial que se le da a éste es el de pasión, intuición y emoción por parte del artista; pero no es así, el arte es algo más: es el entendimiento de esas emociones para elevarlas al plano racional y de esta manera, a través de la técnica, crear la obra de arte. Entonces encontramos razón, técnica y sensibilidad en el arte.

    ¿Acaso la arquitectura no cumple estos requisitos teóricamente?, entonces ¿por qué rebajarla a un nivel técnico en la práctica? ¿por qué consentirnos sólo construir formas?

  Es evidente que como arquitectos en formación no hemos entendido la “artisticidad” de la arquitectura, pues cuando se busca el concepto de nuestra obra generalmente se hace de una manera figurativa y primitiva (un gran libro abierto en concreto armado para un edificio de biblioteca, por ejemplo) si la forma es para la escultura, entonces dejémosle los libros pétreos a esa área, pues la arquitectura obtiene su “artisticidad” de la manipulación del espacio no de la forma.

 El espacio es un conjunto de elementos sensibles: materia, luz, aire, flora, fauna y el hombre mismo en una relación peculiar, como al principio de la vida, sin que ninguno de estos componentes sea más importante que otro, para lograr el equilibrio.
El espacio natural, es decir, el que existió sin la manipulación del hombre, era perfecto: evolucionaba según sus necesidades, se transformaba, pero siempre bajo una previsión. El hombre lo manipuló y con ello lo empezó a transformar y después a destruir,  ahora busca una solución para cada error que comete y esa solución se vuelve un  error en el futuro por la no previsión.

    Entonces porque no entendemos que “la naturaleza es sabia”  y la tomamos de ejemplo, no de una manera figurativa sino a través de la abstracción, es decir, entenderla para interpretar su proceso y aplicarlo a la obra arquitectónica.

     La arquitectura transforma el espacio delimitándolo. El artista no debe modificar el espacio existente, simplemente dejar que los elementos que existen en el espacio natural convivan en el espacio creado de tal manera que estos, operándolos de una manera adecuada, transmitan emociones en conjunto.

    El hombre percibe a través de los sentidos. Entonces integremos la forma, la musicalidad, la delicia, la textura y el aroma a la arquitectura, para la obtención de un espacio adecuado: la obra arquitectónica. Nada se inventa, simplemente se descubre, todo esta en la naturaleza.

    Entonces, ¿Dónde radica el origen de la devaluación de la arquitectura? Gran parte en la enseñanza. Se requiere que la arquitectura, aunque suene paradójico, no sea enseñada sólo por arquitectos, es decir, se deben integrar las demás áreas del conocimiento a través de los profesionistas correspondientes a cada una: sociólogos, psicólogos, biólogos, ingenieros civiles, físicos, matemáticos, historiadores, pintores, escultores, antropólogos y todos aquellos que nos sean indispensables. Esa necesidad de integración se irá dando conforme se vayan separando los distintos componentes que integran a la arquitectura. Es el arquitecto el que deberá decirnos como integrar este conocimiento.

    Debemos humanizarnos como arquitectos, la arquitectura es por y para el hombre, en ella se desarrolla tanto física como anímicamente, entonces se le deben proporcionar espacios adecuados para este desarrollo. Debemos dejar de llamar “usuario” o “cliente” al hombre, pues inconscientemente, por este simple “error” de terminología, se llega a creer que este “ser” es algo abstracto ajeno a nosotros mismos, como si los arquitectos fueran seres superiores, hay algo que se debe entender: todos somos hombres, ninguno más importante que otro. La necesidad es simplemente esa: entendernos a nosotros mismos para deducir la esencia del hombre y a partir de esto diseñar el espacio tomando en cuenta dicha esencia, además de su naturaleza claro esta, dejando de pensar sólo en áreas, formas y demás aberraciones “arquitectónicas”.
   





Sobre los niveles de lenguaje


Una cosa son los lenguajes arquitectónicos, con sus revisiones históricas en sus diferentes clasificaciones. Otra es el lenguaje de los arquitectos. Los que nos dedicamos a esto, podemos presumir que tenemos un propio lenguaje, que nos separa del resto de individuos, cuestión que es peligrosa, pues son a los otros grupos sociales, a los que va dirigida finalmente nuestra futura producción. Pero lo  que se quiere tratar ahora, es lo que se refiere a lo segundo.

    Este lenguaje en el que los arquitectos nos comunicamos, ha ido cambiando, pero aún podemos enumerar unas constantes, que van desde los bocetos, croquis, a mano alzada, los planos, ya sea con herramientas tradicionales o con recursos de computación, hasta llegar a los modelos tridimensionales, con los medios materiales o virtuales. No se quiere que la discusión tome este rumbo, sin embargo, es necesario comentarlo.

    Antes de que todo esto suceda con el individuo que desea hacer una carrera en el campo de la arquitectura, tiene que ser iniciado, en cuanto a relacionarse con el lenguaje del que estamos hablando, es decir tiene que empezar por hacerse del lápiz y de la hoja en blanco, y así continuará con las tradicionales técnicas de representación, etcétera. Con el paso del tiempo y la práctica, esta persona podrá llegar a ser la más hábil para representar las ideas que se quieren construir.  Pero todavía debemos entender que aún hay alguna diferencia entre dibujante y arquitecto.
    Sí, en todos los campos de estudio, los recursos mediáticos y computacionales han revolucionado la manera de hacer las cosas y lo han hecho a gran velocidad. Pero también es un hecho que el debate teórico, no ha evolucionado, a menos, a este nivel ¿No hace falta que, lo que tiene que ver con lo conceptual, llame igual la atención de los que nos estamos formando en esto? Se cree que esto no ha sido abordado con seriedad.

    La experiencia se puede medir en tiempo o en criterio, (éste que, de raíz, tiene que ver con la crítica). El lenguaje del arquitecto tiene diferentes niveles, y existe un proceso para alcanzar a cada siguiente nivel, donde la cantidad de tiempo no es tan importante como la calidad de la discusión en la que se puede entrar.  Es decir, este acenso no es gratuito y cuesta interés particular, horas de lectura, mucha discusión y sobre todo, nada de ingenuidad.

    En los talleres de proyectos, cualquier manera de conceptualizar, es aceptada, pero proponer la forma de un ojo, una vírgula o un caracol, aparte de que refleja grandes limitaciones creativas, ya jamás dará solución a un problema arquitectónico actual. Si nos paramos en ese terreno ¿De dónde saldrá la propuesta?

    Los arquitectos en formación, podemos tomar nuestras clases (casi como por asalto) y no permitir los monólogos, pues son estos las principales causas de que en cinco años de carrera solo se tenga conocimiento de una solo forma de proyectar. Además, se haría de los lugares de estudio, espacios genuinamente más agradables evitando el tedio.
    Aunque nunca se nos va a mostrar como debatir en clase, podemos darle una mejor utilidad al sistema de ensayo y error, (que normalmente se usa para atinarle a lo que a los asesores les gustaría encontrar en las propuestas) y así encontrar la manera cómo se pueden transformar estos monólogos a diálogos. Como en los momentos anteriores a las entregas de proyectos, la frase es “sin llorar”, acá, la que mejor queda es “sin miedo”.

    Se cree que esto se puede convertir en una herramienta cuya utilidad será comprender por qué en el campo de la proyección, el hecho de los ojos, realmente significa una falta de visión, las vírgulas, el empobrecimiento del lenguaje y los caracoles, la inseguridad.